El “Amor” que perdura


Santa Teresita del Niño Jesús
El “Amor” que perdura


Santa Teresita estuvo rodeada de amor. Todo lo que ella recibió de sus virtuosos e incomparables padres, de sus cariñosas hermanas y de su entorno familiar fue fundamental; ella se fue configurando como un ser sublime, delicado, con un corazón cariñoso y sensible, muy efusivo, adornado de muchas virtudes, y ahora es un ser eterno, …… porque…… el amor es “eterno”.

Una niñez impregnada de sonrisas y de las más tiernas caricias, muy vivaracha, con un corazón de oro y sincera.

Sus escritos son tan actuales, tan profundos, con una riqueza inmensa para quien quiere configurarse con Jesucristo, para quien ama a nuestra Santa Madre Iglesia, de la cual nos profesamos como católicos practicantes, y más aún para nosotros, como Seglares de la Orden de Carmelitas Descalzos. Sin temor a equivocarme, van a perdurar por todos los siglos. Y están ahí, disponibles para leerlos, para degustarlos y para aprender de ellos. Ella habla de su experiencia de amor, que la fue envolviendo desde su infancia, su adultez y su vida en el Carmelo de Francia.

En estos tiempos tan marcados por la inmediatez, por lo rápido, por la hiperconectividad, con un ritmo acelerado de vida, por un flujo interminable de información, por mensajes que nos saturan a cada momento y que no alcanzamos a discernir qué es bueno y qué nos puede servir, descubrimos que nos hacen falta espacios de silencio para reconocernos pequeños, humildes y débiles, seres que estamos sedientos del amor de nuestro Señor. Necesitamos viajar a lo más profundo de nuestro ser, ir a nuestro interior y descubrir cómo llenar esos vacíos. Dejar de buscar en lo exterior, quizás en cosas materiales, cosas superfluas. Estamos llamados a continuar todos los días con la oración, con la lectura y meditación de la Lectio divina. Hacer un alto a todas las prisas y acudir con paciencia, con humildad, con caridad al centro de nuestro ser, en donde mora nuestro Señor.

Teresita nos enseña cómo mantener encendido el fuego del amor en nuestras comunidades: siendo amor y prodigando amor en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles, en los pequeños gestos con nuestro prójimo (hermanos de comunidad, esposo/esposa, hijos, abuelitos, compañeros de trabajo, amigos, conocidos, vecinos).

En esa búsqueda incesante por llenar nuestro espíritu, Santa Teresita nos enseña que, en donde estemos plantados, en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en las responsabilidades y compromisos del día a día, aquí en la tierra hagamos un verdadero cielo. Que todo lo que hacemos lo hagamos con un verdadero y sincero amor. Que nos dejemos transformar por nuestro Señor.

Santa Teresita comprendió muy bien que la humildad no es cobardía ni encogimiento, sino que implica el reconocimiento profundo de la soberanía de Dios en nosotros; es una conciencia de que “yo no soy para mí, sino para el otro”.

Teresita afirma que el problema del hombre no es la cruz, sino la obediencia hasta la cruz. Aquí radica su secreto: “es la obediencia hasta el final la que nos hace libres”.

De la narración de la vida de Santa Teresita del Niño Jesús, escrita por ella misma:

“……….. no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme paz. Continúe leyendo sin desasirme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aun os voy a mostrar un camino excepcional. El apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.

Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que San Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo de amor. Entendí que solo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.

Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé:

“¡Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor!”

Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado”.

Sus escritos están llenos de experiencias de vida, tan comunes y corrientes, aparentemente tan insignificantes, que ilustran el toque divino de un alma que se dejó moldear por su amado. En toda su vida está reflejando este camino de INFANCIA Espiritual.

Cuando Teresita decide abordar con toda honestidad su vida, no hace más que sumergirse en aquello para lo cual estaba llamada: descubrir su vocación de amar sin límites.

Teresita es un modelo de humildad, de obediencia, de caridad, de prudencia, de desapego y de regularidad. Desempeñó el difícil cargo de maestra de novicias con una sagacidad y una perfección sin igual.

Como carmelita, habla a los hombres y mujeres de todos los tiempos, de todos los lugares y de todas las culturas, para hacerse solidaria efectivamente con las esperanzas y las luchas de los que aún peregrinamos en esta historia.

La oración, lugar privilegiado de revelación, es elegida por ella cuando se le pide que hable de su “pequeña doctrina”.

La historia de un alma es la historia del amor de Dios que la “amó primero” y la eligió, encendiéndose en ella el deseo del amor.

“¡Oh faro luminoso del amor, yo sé cómo llegar hasta ti, he encontrado el secreto para apropiarme de tu llama, yo no soy más que una niña, impotente y débil; sin embargo, es precisamente mi debilidad lo que me da la audacia para ofrecerme como víctima a tu amor”.

“Para que el amor quede plenamente satisfecho, es preciso que se abaje hasta la nada y que transforme en fuego esa nada. Lo sé, Jesús, el amor solo con amor se paga; por eso he buscado y he hallado la forma de aliviar mi corazón, devolviéndote amor por amor.”

Cecilia Morejón, OCDS

Cecilia Morejón, OCDS

¿Y si Dios te está llamando?

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“Mi vocación es el amor.”
— Santa Teresita del Niño Jesús

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Una respuesta a «El “Amor” que perdura»

  1. Avatar de Roberto Alvarez Zavala
    Roberto Alvarez Zavala

    Me gusta la Espiritualidad de Sta. Teresa del Niño Jesús.

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