Aprender a vivir en la Verdad


EDITH STEIN: APRENDER A VIVIR EN LA VERDAD


Al acercarme a la vida de Edith Stein – Teresa Benedicta de la Cruz, he descubierto mucho más que la historia de una mujer brillante, filósofa y buscadora incansable de la verdad. He descubierto a una mujer que, desde su propia humanidad, con sus preguntas, búsquedas y fragilidades, nunca dejó de caminar hasta encontrar aquello que daba sentido a su existencia. Y comprendió que la Verdad que buscaba no era una idea ni una teoría: la Verdad tenía un rostro, el rostro de Jesucristo.

Cristo no fue para Edith Stein solamente alguien en quien creer. Fue la Verdad que encontró, el Amor que la habitó y la Presencia que fue transformando su manera de mirar, de servir y de entregarse. Su vida me habla de una mujer de enorme grandeza de corazón, pero también de sencillez y humildad; una mujer que puso sus capacidades al servicio de los demás y que comprendió que cuanto más profundamente nos encontramos con Dios, más profundamente nos acercamos al ser humano.

He descubierto en Edith Stein una dimensión de su vida que me interpela especialmente: su capacidad de cuidar y restaurar. Fue filósofa, profesora y también enfermera. No se limitó a curar heridas físicas; supo acercarse al sufrimiento humano y ponerse al servicio del otro. Y quizá esto es precisamente lo que hoy nos hace tanta falta: personas capaces no solo de curar heridas del cuerpo, sino también de restaurar heridas del alma y del corazón.

Ese servicio no nace de la superficialidad ni de la necesidad de aparentar. Nace de un corazón que ha aprendido a mirar profundamente.

Edith Stein también nos enseña a vivir ligeros de equipaje. Muchas veces llenamos nuestra vida de cosas, preocupaciones, seguridades y apariencias que creemos necesarias para sentirnos completos, pero que terminan ocupando todo el espacio interior. Y cuando todo está lleno, ¿dónde dejamos lugar para Cristo?, ¿dónde dejamos espacio para la Verdad?

Quizá necesitamos aprender a soltar. A entrar en el silencio. A presentarnos ante Dios sin máscaras.

“Este soy yo, Señor. Tú me conoces.”

Porque delante del Señor nuestras máscaras no sirven de mucho. Él nos conoce íntegramente; conoce lo que somos, nuestras luces y nuestras sombras, nuestras fortalezas y nuestras fragilidades. Ante Él solo podemos decir con humildad: “Este soy yo, Señor. Tú me conoces.”

Y cuando dejamos caer las máscaras, sucede algo hermoso: podemos experimentar que Dios no nos rechaza por aquello que somos, sino que nos acoge, nos mira con misericordia y comienza a transformarnos. En ese encuentro verdadero nace una paz profunda, una paz que no consiste en que desaparezcan nuestras dificultades, sino en saber que estamos en las manos de Aquel que es la Verdad y el Amor.


Por eso Edith Stein tiene tanto que decirnos hoy.

Vivimos en medio de mucho ruido. Muchas voces reclaman nuestra atención y tantas veces llenamos nuestra vida de cosas que terminan alejándonos de lo esencial. Hemos aprendido a escuchar casi todo, menos aquel susurro que Dios pronuncia en lo más profundo de nuestro ser.

Edith nos invita a volver al silencio. Y en ese silencio descubrimos que la oración transforma la mirada. Nos enseña a mirar al hermano no desde nuestros prejuicios, diferencias o heridas, sino desde los ojos de Cristo; a escuchar antes de juzgar, comprender antes de señalar y servir sin esperar reconocimiento.

Aquí aparecen, para mí, algunas claves profundamente carmelitanas que Edith Stein nos deja: la morada interior, que se cultiva por medio de la oración y el silencio; la transparencia comunitaria, que nos permite reconocer y compartir nuestras vulnerabilidades; y la aceptación de nuestra propia sombra, es decir, de nuestras debilidades, para ponerlas también delante de Dios y dejarnos transformar por Él.

Porque solo quien se sabe necesitado de Dios puede aprender a mirar al otro con misericordia.


Como Carmelita Seglar, el testimonio de Edith Stein me lleva a una pregunta fundamental: ¿estamos construyendo verdaderas comunidades-familia?

¿Estamos construyendo verdaderas comunidades-familia?

Una comunidad no se convierte en familia simplemente porque compartamos reuniones, actividades o una misma espiritualidad. Se convierte en familia cuando aprendemos a reconocernos desde Cristo; cuando podemos mirarnos con misericordia, escucharnos con paciencia, sostenernos en nuestras fragilidades y alegrarnos sinceramente por el bien del otro.

Para ello necesitamos dejar que Cristo transforme primero nuestro propio corazón.

La oración, la fraternidad, la formación y la misión son los caminos que sostienen nuestra vocación. La oración nos lleva al encuentro con Cristo; la fraternidad nos permite reconocerlo en el hermano; la formación nos ayuda a profundizar en la Verdad; y la misión nos envía a hacer presente su amor en el mundo.

Y de Edith Stein podemos aprender también tres actitudes concretas: la entrega, expresada en el servicio a los demás; el abandono, aprendiendo a descansar en Dios; y la confianza, poniendo nuestra vida en las manos de Aquel que es la Verdad y, por tanto, el Amor. Porque solamente en Dios podemos descansar verdaderamente y vivir en plenitud.


Por eso, más que admirar a Edith Stein, quisiera dejarme interpelar por ella. Quisiera preguntarme cuánto de su experiencia está transformando mi propia vida:

¿Qué me inspira a seguir caminando por el camino del Carmelo?

¿Qué aporta Edith Stein a mi manera cotidiana de mirar, servir y amar?

Quizá la respuesta comience allí donde ella misma encontró la suya: en el silencio, en la búsqueda sincera de la Verdad y en el encuentro con Cristo.


Porque cuando verdaderamente encontramos la Verdad, que es Jesucristo, algo comienza a cambiar en nosotros: nuestros ojos pueden convertirse en sus ojos, nuestro corazón en su corazón y nuestra vida en un testimonio de su amor.

Y solo entonces nuestras comunidades podrán dejar de ser solamente grupos que comparten una espiritualidad para convertirse verdaderamente en familias que viven, anuncian y testimonian el amor de Cristo.

Ese es, para mí, uno de los grandes regalos que Edith Stein puede ofrecer hoy al Carmelo Seglar: enseñarnos a buscar la Verdad, despojarnos de aquello que nos impide acogerla, permanecer en ella y convertirla en vida.

Lorena Pabón, OCDS

Lorena Pabón, OCDS

¿Y si Dios te está llamando?

Si estas palabras han despertado en tu corazón el deseo de conocer más a Jesucristo y el camino del Carmelo, escríbenos. Tal vez este pequeño encuentro sea el comienzo de un camino.

“Quien busca la verdad, busca a Dios, sea o no consciente de ello.”
— Santa Edith Stein

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Una respuesta a «Aprender a vivir en la Verdad»

  1. Excelente reflexión…que Dios no siga iluminado el camino y que nos permita seguir en él.

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