¿Quiénes somos?

Somos la Orden de Carmelitas Descalzos Seglar (OCDS), hombres y mujeres laicos que, llamados por Dios, vivimos el carisma del Carmelo Teresiano en medio del mundo. Formamos parte de una gran familia espiritual, nacida del don que el Espíritu Santo regaló a la Iglesia a través de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
El Carmelo Teresiano se expresa en diversos estados de vida, unidos por una misma espiritualidad y una misma misión. En esta familia encontramos a los Frailes Carmelitas Descalzos, corazón estructurante de la Orden, llamados a vivir la contemplación unida al apostolado; y a las Monjas Carmelitas Descalzas, que desde la vida contemplativa sostienen con su oración silenciosa a la Iglesia y al mundo entero.
Los Laicos del Carmelo Seglar (OCDS) participamos plenamente de este mismo carisma, viviendo la espiritualidad teresiano-sanjuanista en nuestra realidad cotidiana: en la familia, en el trabajo, en la sociedad y en la Iglesia local. No somos religiosos, pero compartimos la misma llamada a la santidad a través de la oración, la vida fraterna y el servicio apostólico, según nuestro estado de vida.
Nuestra vocación se vive siempre en comunidad. La fraternidad no es un añadido, sino un elemento esencial de nuestra identidad. Caminamos juntos, acompañándonos, discerniendo y cuidando la vida interior, en comunión con la Orden y bajo la guía de los Frailes Carmelitas Descalzos, de quienes dependemos jurídicamente, como lo establecen nuestras Constituciones.
Unidos por una misma espiritualidad, buscamos vivir una amistad profunda con Dios, aprender a orar desde el corazón, crecer en la verdad y ser presencia del Evangelio allí donde el Señor nos ha enviado. Como familia carmelitana seglar, deseamos que nuestras comunidades sean espacios de acogida, de formación y de vida, donde cada hermano pueda crecer humana y espiritualmente, y donde el amor fraterno sea signo visible del Dios que habita en medio de nosotros.
¿QUÉ BUSCAMOS CÓMO CARMELITAS?

Los Laicos de la Orden de la Orden de Carmelitas Descalzos Seglar (OCDS) buscamos vivir el carisma carmelitano teresiano en medio del mundo, en la familia, en el trabajo y en las circunstancias ordinarias de la vida cotidiana. Desde allí, asumimos con responsabilidad los asuntos temporales, ordenándolos según el Evangelio de Jesucristo y a la luz de las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús.
Siguiendo sus huellas, ponemos en el centro de nuestra vida la oración, entendida como un trato de amistad con Dios, que se vive allí donde nos encontramos, porque —como nos recuerda Teresa— «el verdadero amante en todas las partes ama y se acuerda del Amado». Esta experiencia de oración no se limita a momentos aislados, sino que impregna toda nuestra existencia.
Al mismo tiempo, alimentamos nuestra vida espiritual en la liturgia, en la escucha orante de la Palabra de Dios, en la participación frecuente de los sacramentos y en una profunda devoción a la Virgen del Carmen, modelo de discípula, de vida cristiana y carmelitana.
Así, buscamos una vida unificada, donde contemplación y compromiso, oración y vida cotidiana, se integren armoniosamente, para ser testigos del Evangelio desde el corazón del mundo.
Nuestro Ser
Buscamos vivir una amistad fraterna en las comunidades a las que pertenecemos y que frecuentamos con fidelidad. Cada comunidad está animada y acompañada por un Consejo elegido cada tres años, y caminamos como familia carmelitana, en comunión con nuestras Madres Carmelitas Descalzas y con los Frailes Carmelitas Descalzos, sosteniéndonos mutuamente en el camino, como hermanos que “nos hacemos espaldas”.
Nuestra Responsabilidad
El Consejo OCDS tiene la responsabilidad de acompañarnos en todas las etapas de nuestra formación, desde el inicio del camino vocacional hasta después de las Promesas Definitivas. La formación busca no solo el crecimiento espiritual, sino también el cultivo de nuestras virtudes humanas, en un clima de confianza y fraternidad, que favorezca el compartir, el discernimiento y el crecimiento en la caridad y la amistad entre todos.
Comunidad
Cada una de nuestras comunidades vive y colabora en el apostolado principalmente a través del testimonio de una vida cristiana coherente, contribuyendo a la santificación del mundo desde la fe, la esperanza y la caridad. Según los dones y talentos personales de cada miembro, buscamos vivir las bienaventuranzas y ser presencia evangélica en los distintos ambientes donde el Señor nos ha enviado.

Nuestra realidad hoy
La Orden de los Carmelitas Descalzos Seglar (OCDS) se rige por nuestras propias Constituciones propias, aprobadas definitivamente por la Santa Sede en el año 2003. En ellas se expresa con claridad nuestro estilo de vida, nuestra identidad laical carmelitana, así como los valores y compromisos que asumimos en el seguimiento de Jesucristo.
Nuestra vocación se centra en la búsqueda de la intimidad con Dios a través de la oración, vivida según la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, en la comunión fraterna dentro de la comunidad y en el servicio apostólico, según nuestro estado de vida laical.
Actualmente, el Carmelo Seglar está presente en la Iglesia universal con aproximadamente 25.000 miembros, organizados en cerca de 1.700 comunidades, extendidas en más de 70 países de los cinco continentes, manifestando la vitalidad del carisma carmelitano vivido en medio del mundo.
En el Ecuador, la OCDS está conformada por alrededor de 200 hermanos y hermanas, distribuidos en 15 comunidades presentes en diversas ciudades del país, entre ellas Guaranda, Machala, Cuenca, Quito, Ibarra, Montecristi, Riobamba, Guayaquil y Loja. Estas comunidades caminan unidas en oración, formación y servicio, buscando vivir y transmitir el espíritu del Carmelo Teresiano en sus realidades concretas, culturales y sociales.
El Carmelo Seglar vive el espíritu del Carmelo en el corazón del mundo y, desde su condición secular, enriquece a toda la familia carmelitana, ofreciendo el testimonio de una vida contemplativa en medio de las realidades familiares, sociales y laborales, como presencia humilde, cercana y fiel del Evangelio allí donde el Señor nos ha enviado.

