
Etapa IV – Promesa Definitiva
Una vida entregada al Carmelo Seglar, al servicio de la Iglesia
La Promesa Definitiva es la culminación de un largo camino de discernimiento, formación y maduración vocacional. Después de aproximadamente seis años o más de proceso formativo, el hermano o la hermana, con plena libertad y conciencia, se compromete definitivamente a vivir el carisma del Carmelo Teresiano en su estado de vida seglar, según la Regla, las Constituciones y los Estatutos de la OCDS, en comunión con la Orden y la Iglesia (cf. Constituciones OCDS, n. 10; n. 26).
Este compromiso definitivo no es solo una promesa personal, sino una entrega estable, pública y eclesial, que configura la vida entera del Carmelita Seglar. Desde este momento, la espiritualidad carmelitana deja de ser únicamente un camino de formación para convertirse en forma de vida, asumida con fidelidad, responsabilidad y perseverancia (cf. Constituciones OCDS, n. 11).
El hermano con Promesa Definitiva está llamado a una vida de oración sólida y constante, especialmente la oración mental diaria, como centro de su vida espiritual, alimentada por la Palabra de Dios y por la lectura orante y sistemática de las Obras Completas de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y los santos del Carmelo (cf. Constituciones OCDS, n. 17–19).
La formación no termina: se transforma en formación permanente, que acompaña toda la vida del Carmelita Seglar (cf. Constituciones OCDS, n. 33; Estatutos OCDS, n. 19).
Vida comunitaria, consejos evangélicos y autenticidad vocacional
Según las Constituciones de la OCDS, la vocación del Carmelita Seglar es esencialmente comunitaria y se vive dentro de una comunidad concreta, en la que se comparte la oración, la formación y la misión (cf. Constituciones OCDS, n. 24–26). Por ello, la pertenencia real y activa a la comunidad no es opcional ni secundaria, sino un elemento constitutivo de la identidad carmelitana seglar.
Asimismo, el seglar con Promesa Definitiva está llamado a vivir los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, según su estado de vida, como expresión concreta de su seguimiento de Cristo y de su fidelidad al carisma del Carmelo (cf. Constituciones OCDS, n. 13–15). Estos consejos se viven de forma encarnada, en la vida cotidiana, dentro de la comunidad y en la misión.
Por tanto, quien no vive una auténtica vida comunitaria, quien se mantiene de hecho al margen de la comunidad o rechaza la práctica concreta de los consejos evangélicos y de las exigencias propias del carisma, no puede considerarse ni llamarse Carmelita Seglar, independientemente de la etapa formativa en la que se encuentre o del tiempo transcurrido. La identidad OCDS no se sostiene por un acto realizado en el pasado, sino por una fidelidad viva y actual a lo prometido (cf. Constituciones OCDS, n. 27; Estatutos OCDS, n. 7).
Misión, apostolado, obediencia y servicio a la Orden
Desde la Promesa Definitiva, el seglar carmelita participa activamente en la vida y misión de la Orden, no como iniciativa aislada, sino como miembro vivo de una comunidad OCDS, parte de la familia teresiana y en comunión con la Iglesia (cf. Constituciones OCDS, n. 30).
El apostolado del Carmelita Seglar es esencialmente comunitario. No nace de proyectos personales independientes ni de acciones dispersas, sino que brota de la vida fraterna, del discernimiento comunitario y de la fidelidad al carisma recibido (cf. Constituciones OCDS, n. 31–32; Estatutos OCDS, n. 23).
La obediencia, vivida desde la escucha, el discernimiento y el respeto a los responsables legítimos de la OCDS, forma parte esencial de esta vocación. Es un camino concreto para buscar y acoger la voluntad de Dios, en comunión con la Iglesia y con la Orden (cf. Constituciones OCDS, n. 14; Estatutos OCDS, n. 11).
Información práctica
- Duración: Toda la vida
- Encuentros de formación: terceros miércoles de cada mes
- Horario: 19:50 a 21:00 (hora Ecuador)
- Modalidad: Virtual – Plataforma Zoom
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Charlas y contenidos formativos:
Canal oficial OCDS Ecuador en YouTube
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Acompañamiento y discernimiento
En esta etapa el acompañamiento se vive con mayor profundidad y corresponsabilidad. Caminarás junto a hermanos y hermanas con Promesa Definitiva, verdadera familia espiritual, que comparten la vida, la oración y el compromiso desde la cercanía, el testimonio y la fidelidad al carisma recibido. Juntos podremos afianzar la vocación, crecer en amor a la Iglesia y al Carmelo y sostener, con serenidad y verdad, la entrega asumida para toda la vida.
Este espacio está pensado para quienes, habiendo hecho la Promesa Definitiva, desean seguir profundizando en la espiritualidad carmelitana a través de la formación permanente, la vida fraterna y el apostolado vivido en comunidad, aportando también sus dones, reflexión y experiencia al servicio de la Orden.
Permanecer aquí es seguir caminando juntos, como familia teresiana, cuidando el don recibido y renovándolo cada día en fidelidad.
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Permanece. Persevera.
Vive el Carmelo no como una opción pasajera,
sino como forma de vida, en comunidad y para la Iglesia.






