Dios nace en lo real

Dios nace en lo real

Laicos en el mundo, contemplativos en el corazón


Introducción

El Adviento vuelve cada año, pero no siempre nos encuentra en el mismo lugar interior. La vida avanza, las responsabilidades pesan, el mundo empuja con fuerza y, muchas veces, el corazón se va llenando de ruido, cansancio y respuestas mecánicas.


El Carmelo Seglar no vive el Adviento al margen de esta realidad. Lo vive desde dentro: desde el matrimonio, el trabajo, la crianza de los hijos, la soledad, la enfermedad, la vejez, las luchas cotidianas y las decisiones difíciles. Somos laicos, padres, esposos, abuelos, trabajadores… hombres y mujeres reales, con compromisos propios de nuestra elección vocacional —el matrimonio y el Carmelo— vividos en un mundo real.


Estas meditaciones no buscan idealizar nuestra vocación, sino ayudarnos a mirarla con verdad, a dejarnos tocar por Dios y a preparar un espacio donde Él pueda volver a nacer: no en teorías o idealismos, sino en la vida concreta.


Para esto miraremos cuatro reflexiones.



1. Dios entra en nuestra vida tal como es

Adviento no comienza con luces ni cantos. Comienza con una espera silenciosa, muchas veces cansada. Dios no nos pide una vida perfecta para venir a nosotros; pide un corazón disponible, aunque esté herido, desordenado o fatigado.


Como Carmelitas Seglares, corremos el riesgo de querer presentarle a Dios una versión mejorada de nosotros mismos: el hermano comprometido, el consejero responsable, el seglar ejemplar. Pero el Dios de la Encarnación no nace en lo ideal, sino en lo pobre, en lo frágil, en lo que no está terminado.


Santa Teresa nos recuerda que el camino espiritual es andar en verdad. Y la verdad es esta: vivimos tensiones, incoherencias, cansancios, fidelidades frágiles y obediencias a veces incompletas o difíciles. Allí, exactamente allí, Dios quiere nacer.


Pensemos desde nuestro corazón:
• ¿Qué parte de mi vida estoy escondiendo a Dios?
• ¿Le permito entrar en mis limitaciones o solo en mis logros?
• ¿Vivo mi vocación OCDS desde la verdad humilde o desde la apariencia?



2. Comunidades reales, no perfectas

Nuestras comunidades OCDS no están hechas de ángeles, sino de personas con historia, carácter, heridas, cansancio y deseo sincero de Dios.


Cuando esperamos comunidades ideales, sin conflictos ni fragilidad, dejamos de parecernos al pesebre y nos acercamos a un escenario vacío y frío. Dios no nace en comunidades impecables, sino en comunidades verdaderas, donde hay espacio para la escucha, el perdón, la paciencia, la obediencia y el silencio compartido.


También nuestras comunidades están llamadas a acoger lo frágil, no a ocultarlo. Pero este acoger es recíproco: no solo pedir misericordia, sino también ofrecerla con coherencia.


Examinemos nuestro interior:
• ¿Cómo miro las debilidades de mis hermanos?
• ¿Construyo comunión o creo bandos silenciosos?
• ¿Mi comunidad es un lugar donde alguien puede sentirse en casa aun estando roto?



3. Obedecer a Dios en medio del mundo

La obediencia del seglar no se vive en claustros ni en horarios protegidos. Se vive en decisiones concretas: en el trabajo, en la familia, en el buen uso del tiempo y en la fidelidad a la comunidad.


Obedecer no es solo cumplir normas, sino escuchar a Dios que habla en la realidad, a través de la Iglesia, del Consejo, de los hermanos mayores y de los acontecimientos diarios.


María obedeció sin comprenderlo todo. José obedeció sin garantías. Ambos confiaron más en Dios que en sus propias seguridades. También nosotros estamos llamados a una obediencia humilde, concreta y silenciosa.


Preguntémonos:
• ¿Qué resistencias pongo cuando la comunidad me incomoda?
• ¿A qué doy prioridad cuando debo elegir?
• ¿Mi obediencia es confiada o solo formal?



4. Preparar un lugar donde Dios pueda nacer

Adviento no es preparar actividades, sino preparar el corazón. Hacer espacio. Vaciar. Simplificar. Volver a lo esencial y preguntarnos: ¿por qué estoy en el Carmelo?


El Carmelo Seglar está llamado a transformar el mundo desde dentro, humanizándolo con pequeños gestos: una escucha sincera, una presencia fiel, una palabra que no juzga y una oración que sostiene.


El mundo no necesita seglares perfectos, sino seglares verdaderos, sinceros y fieles a Dios.


Desde la oración respondamos:
• ¿Qué debo soltar para que Dios tenga espacio en mí?
• ¿Con quién debo reconciliarme antes de Navidad?
• ¿Estoy dispuesto a dejar que Dios cambie mis planes?



En conclusión:

El Adviento nos devuelve a lo esencial: Dios viene. No al mundo ideal, sino al mundo real. No a comunidades perfectas, sino a comunidades que aman. No a corazones impecables, sino a corazones disponibles para dejarse tocar y transformar por Jesús.

Que el Carmelo Seglar sea ese lugar sencillo donde Dios pueda nacer: en la vida diaria, en lo pequeño, en lo real, en la verdad sincera de nuestra vida.



Manuel de San José, OCDS
Comunidad Santos Esposos Martín Guérin – Cuenca

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Una respuesta a “Dios nace en lo real”

  1. Avatar de slowlyamphisbaena31bdd2a68f
    slowlyamphisbaena31bdd2a68f

    Es verdad hermano. Que hermoso escrito.

    Dios no nace en comunidades impecables, sino en comunidades verdaderas, donde hay espacio para la escucha, el perdón, la paciencia, la obediencia y el silencio compartido.

    También nuestras comunidades están llamadas a acoger lo frágil, no a ocultarlo. Pero este acoger es recíproco: no solo pedir misericordia, sino también ofrecerla con coherencia.

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