
Hoy 15 de noviembre en la conmemoración de Todos los Difuntos Carmelitas, recordamos a todos aquellos que tal vez no fueron famosos ni destacaron por sus experiencias místicas, pero sí quisieron vivir en obsequio de Jesucristo, al servicio de la orden y de la Iglesia: sacerdotes, hermanos, monjas, laicos consagrados o miembros del Carmelo Seglar, llevaron el espíritu del Carmelo a su vida diaria y a todos los que les rodearon.
«En la casa de mi padre y muchas estancias y me voy a preparar un sitio cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo para que donde estoy yo estéis también vosotros.»
Vamos al encuentro con el Esposo amado en nuestro corazón, en lo más profundo de la noche, donde nuestra sed de Él se sacia con su sed de amarnos, en cada pequeña muerte que experimentamos.
Nos dice Teresa de Jesús:
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.


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