Espiritualidad

Los Carmelitas descalzos hemos recibido en la Iglesia, desde nuestros Padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, el carisma de la vida espiritual. Y es esta espiritualidad, esta vida la que queremos vivir y compartir con quienes nos visitan.

  • Lo primero, en la oración o relación directa, de “amistad”, de progresiva y mutua confianza con Dios, a través de Jesucristo, “amigo que nunca falla” (Teresa de Jesús), que nos introduce en la comunión con el Dios vivo. Ofrecemos nuestra experiencia, el silencio de este lugar, el conocimiento práctico de nuestros Santos para que todos se inicien en esta vivencia o la profundicen.
  • Siendo “amigos fuertes de Dios” en Cristo, somos también hermanos unos de otros. Nos hacemos espaldas, nos queremos y ayudamos en un ambiente de fraternidad, sencillez y llaneza en la comunicación. “Esta casa es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta sólo de contentar a Dios y no hace caso de contento suyo (Camino 13,7)”. Quien entra en ella entra en una familia donde será acogido y respetado y donde podrá vivir, con la misma franqueza, sencillez y llaneza. Colaboración, recreación, cordialidad, familia.
  • Jesús prometió a Teresa que “su Madre cuidaría de una puerta y San José de la otra” en sus casas. Somos hijos y discípulos de la Virgen María, Ella es la Maestra de oración y la maestra de la vida fraterna. Quien entra aquí siente su protección y su ayuda, se siente acogido por la Madre para formar parte de su Iglesia y actuar responsablemente como tal.
  • Todo lo vivido aquí es para contarlo y compartirlo. Somos apóstoles de la Espiritualidad, “mistagogos” como nuestros Santos Padres para guiar a todos, humildemente, por los propios castillos interiores.
  • Celebramos esta fe en común, mediante la liturgia, los sacramentos. Nuestro modo de hacer es esencial, directamente dirigido a su objetivo. No importan las formas sino el contenido, el corazón.
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