Historia del Carmelo Seglar en el Ecuador
Una vocación laical que brota del corazón del Carmelo
El Carmelo Seglar no es una iniciativa reciente ni un añadido tardío a la historia de la Orden. Desde sus orígenes, el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia hombres y mujeres laicos que, viviendo en medio del mundo, han sentido el deseo profundo de vivir en obsequio de Jesucristo, siguiendo la espiritualidad del Carmelo.
Raíces antiguas de una vocación laical
Ya en el siglo XV, mucho antes del nacimiento del Carmelo Descalzo, la Iglesia reconocía este llamado.
El 7 de octubre de 1452, el Papa Nicolás V, mediante la bula Cum nulla fidelium, autorizó a la Orden del Carmen a acoger a laicos en una Tercera Orden, dando origen a la Tercera Orden Carmelita (TOC). La espiritualidad carmelitana se abría así al corazón del pueblo fiel.
Con el nacimiento del Carmelo Descalzo en el siglo XVI, esta vocación laical adquiere una identidad propia. El 23 de marzo de 1594, el Papa Clemente VIII, mediante la bula Cum dudum, autorizó explícitamente a los Carmelitas Descalzos a tener sus propios Carmelitas Seglares.
Por esta razón, cada 23 de marzo celebramos con gratitud el Día del Carmelita Seglar. Desde entonces, los laicos del Carmelo compartimos plenamente el carisma teresiano–sanjuanista, viviendo la oración, la fraternidad y la misión desde nuestra condición secular.
El Carmelo Seglar llega al Ecuador
Un sueño que se hace comunidad
La historia del Carmelo Seglar en el Ecuador nace de manera sencilla, casi silenciosa, como nacen las obras de Dios.
A inicios del año 2001, un pequeño grupo de fieles laicos, principalmente vinculados a la Parroquia del Carmelo del Inca en Quito, comenzó a reunirse movido por un deseo común: vivir la fe con mayor radicalidad, alimentados por la espiritualidad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
Acompañados por los frailes carmelitas descalzos, de manera especial por el P. Jesús M. Arroyo, OCD, iniciaron un camino de oración, formación y discernimiento comunitario. No buscaban un título ni una estructura. Buscaban a Dios.
4 de junio de 2008: un día fundacional
Tras años de fidelidad, estudio serio de las Constituciones y crecimiento fraterno, el grupo —formado por 17 personas— pidió oficialmente el reconocimiento eclesial.
El 4 de junio de 2008, el Arzobispo de Quito y Primado del Ecuador, Mons. Raúl E. Vela Chiriboga, erige canónicamente la Comunidad de Carmelitas Seglares “San Juan de la Cruz”, reconociéndola como asociación privada de fieles y acogiendo los Estatutos aprobados por la Santa Sede.
Ese día, el Carmelo Seglar nació oficialmente en el Ecuador, como hija legítima del Carmelo Descalzo, abrazada por la Orden, acompañada por los frailes y sostenida espiritualmente por las monjas carmelitas.
Una espiritualidad vivida en medio del mundo
El celo por la vida espiritual se expresa en la oración personal y comunitaria, en la frecuencia de los sacramentos, en retiros y convivencias, y en una vida fraterna que se cuida y se acompaña.
Nuestro apostolado comienza en casa: en la familia, en el trabajo, en la sociedad. Allí buscamos dar testimonio del amor a Dios mediante el servicio, el respeto, la unidad y la fraternidad.
Algunos hermanos y hermanas sirven a los pobres y enfermos, otros participan en misiones populares y obras sociales. Todo nace de la oración. Todo vuelve a la oración.
La historia del Carmelo Seglar en el Ecuador es la historia de un sueño que se hizo comunidad, de hombres y mujeres laicos que aman a Jesucristo con la misma pasión que Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, cada uno desde su realidad concreta.
Esta historia no está cerrada.
Sigue escribiéndose cada día.
Tal vez, al leer estas líneas,
Dios también esté llamando a tu corazón.

